Debo confesar que cuando se confirmó que haría un trekking por el Parque Nacional Torres del Paine, temí por aceptar una aventura que no tiene que ver mucho con mis preferencias, razón por la que tenía nula experiencia en esta disciplina. Pero creo que como buena “magallánica por adopción” no podía perderme esta gran y única oportunidad, tal como fue atreverme a participar del Chapuzón del Estrecho, para decir “no me lo contaron, yo fui”.
Mi visita a las Torres del Paine se había limitado, hasta el momento, en el conocido como “full day”, donde hicimos una caminata bastante larga y con nieve para ver el Lago Grey, y que luego de rezongar porque mis compañeros de trabajo me habían casi obligado a ir (yo estaba de visita en Punta Arenas, vivía en Santiago en 2013) entendí que había valido la pena, porque el espectáculo que vimos fue precioso.
Bajo esa misma premisa, tomé valor y comencé a preguntarle a todas las personas que sabían de trekking qué debía tomar en cuenta, además de que busqué muchos datos en Google. Algunos consejos son:
- La primera capa nunca debe ser de algodón (incluye los calcetines). Es una tela que se demora mucho en secar, por lo que no es óptima si transpiramos. Se recomiendan primeras capas de lana merino u otras que no contengan algodón.
- La segunda capa de polar es buenísima.
- Por ningún motivo, inaugurar las zapatillas en el mismo viaje. Por más cómodas que sean, si son nuevas, nos van a dañar los pies.
- Haber usado la misma ropa de tekking que se vestirá en el ascenso con anterioridad para chequear su comodidad (en mi caso, fui usando los días previos durante jornadas completas las primeras capas, los calcetines, las zapatillas, etc., para chequear si algo me apretaba o no era lo óptimo… fallé sólo en el gorro de la parka, que no era muy cómodo… no lo usé antes por largo rato y era muy incómodo, se me caía y con viento o lluvia es muy necesario).
- Existen tiendas de ropa de segunda mano de trekking, las que son una excelente opción si no se quiere invertir una gran cantidad de dinero en prendas que, quizás, no se usarán mucho con posteridad al viaje o si tienen una filosofía sustentable (las hay en Puerto Natales, aunque no es seguro que se encontrarán los productos o tallas que se necesitan).
- Hay que ir preparados para la lluvia, llevar una cuarta capa en la mochila que sirva en caso de que precipite. Y llevar bolsas plásticas para envolver las zapatillas u otros objetos, además de que sirven para botar la basura (porque hay que llevarse todos los desechos, perdón que diga esta obviedad, pero por si acaso…).
- No hay que subestimar la utilidad de los bastones para caminar (me salvaron bastante) ni de las polainas (te aíslan de todo, son buenísimas).
- Mi pantalón era de trekking y delgadísimo, pero la primera capa era buena, así es que no pasé frío (incluso después da calor con la caminata).
- Si alguna vez se preguntaron si hay baño en los senderos… el baño es la naturaleza no más, así es que sean considerados al respecto y llévense sus papeles.
Pido disculpas si hablo obviedades, pero creo que más de alguien hará trekking por primera vez y le servirán estos datos, tanto como a mí.
El plan era subir y cumplir, en parte, el circuito que es llamado “la W”, en dos días de travesía, durmiendo entre ellos en el Refugio Paine Grande.
Primer día: Subida al Glaciar Grey
Luego de llegar con todo el entusiasmo al Parque Nacional Torres del Paine (deben comprar las entradas antes de ir, porque se compran por internet y allá no hay señal), nos embarcamos en el ferry que cruza el Lago Pehoé. Ese día llovía y estaba nublado, así es que no se vio mucho el paisaje.
Nos instalamos en el Refugio Paine Grande y nos preparamos inmediatamente para nuestro primer objetivo: Llegar al Mirador Grey y volver.
Mi primer día de caminata fue muy difícil, pero todo valió la pena. Subimos con viento en contra y nos demoramos más de la cuenta. Yo desde la pandemia no ostento un estado físico muy bueno, así es que me cansé una enormidad, pero si yo en mi estado pude hacerlo, ¡hay altas probabilidades que lo pueda hacer cualquiera que tenga las ganas!
El punto es con quién vas. Yo fui con un grupo magnífico, pero experimentado. Entonces, aquella frasecilla de “no importa, anda a tu ritmo” se convertía cada vez más en una vil mentira, jaja. Mi ritmo era ir disfrutando el paisaje, sacando fotos y videos, caminando sin agitarme tanto (sin agitarse es imposible). El ritmo de los demás, según mi visión, era ir como autómatas caminando lo más rápido posible para llegar pronto. Entiendo que hay que cumplir con los tiempos, pero si les puedo transmitir algo es eso, que hay que ir con personas que vayan “en tu onda”. Asegúrate que “tu ritmo” sea el de tu grupo y de cuánto tiempo toma cada ruta, debes planear todo con anterioridad.
Por cierto, el Parque estará abierto año corrido, pero para subir en invierno hay que hacerlo con un guía certificado. Lo bueno de ir en temporada baja es que no te encuentras con muchas personas en los senderos y se puede disfrutar todo mucho más tranquilamente. Eso sí, no estarán todos los senderos habilitados, sino que los más icónicos.
Hubo momentos en los que realmente no quería seguir, sólo me movía la curiosidad de llegar al glaciar y poder decir “lo hice”, aunque fuera una vez en mi vida. El grupo estuvo constantemente preocupado por mí y sin ellos, sencillamente, no lo hubiese logrado.
La subida se me hizo eterna, pero en cada rincón descubría algo nuevo y miraba incrédula a mi alrededor. Hay quienes cruzan el mundo para estar donde yo estaba, ¡qué privilegio me daba la vida! En el camino, nos cruzábamos con turistas de distintos orígenes, todos con códigos comunes a la cultura del trekking y con la complicidad de que nos movía un mismo fin.
Creo que es importantísimo conocer los mapas con anterioridad porque quizás se pueden hacer falsas esperanzas, como cuando vi la Laguna Los Patos, pensé inocentemente que era la mitad del camino, pero no.
Lo bueno también de ir con un guía es que te va contando detalles de la vegetación o de la historia del Parque, como los incendios de los que aún se ven rastros y da tanta pena. Lo bueno es que, de a poco, ya se va reponiendo. Pero muy de a poco.
Ver el Glaciar Grey fue, sin duda, un gran premio al esfuerzo. Fue un espectáculo maravilloso, aunque casi nos lleva el viento.
Día dos: Al Campamento Italiano
Siendo objetiva, con el cansancio que arrastraba del día anterior no pensé que llegaría al Campamento Italiano, pero no sé cómo lo logré. Quizás porque no había viento y salió el sol, de hecho, por varios tramos me saqué la parka. Además, no subí con la presión de llegar hasta el final, tenía la opción de devolverme a mitad de camino si no podía más. Eso me quitó presión.
El recorrido en otoño es simplemente maravilloso, totalmente recomendable (yo fui en abril). Los colores son incomparables y puede ser que, como a mí, les toque una ventanita de “buen tiempo” (entendiendo lo que ese concepto pude significar en la Patagonia).
En este tramo se ven con mayor claridad los rastros de los incendios y, a pesar de eso, no hay forma de no maravillarse con los pequeños árboles que ya está creciendo en el lugar, que miden un metro luego de 10 años… ¡sí, 10 años! Imagínense cuánto falta.
Otra ventaja de subir con guía es que, al tener la experiencia, puede ayudarte con algunas dudas sobre las rutas, porque hay algunas señales que indican hacia senderos que ya son antiguos, o algunos cambiaron y queda la duda si uno va por el camino correcto o no. Por lo mismo, si no es con guía (aunque en invierno no hay opción), no vayan solos si no tienen la experiencia suficiente.
Este camino también es pura magia y si bien el objetivo final no es un mirador, como el Grey, el Campamento Italiano es un lugar precioso, donde se puede descansar un ratito, hay baño y agua.
Si bien uno puede pensar que las bajadas son más fáciles, no es así, por lo tanto, se le destina quizás la misma energía que la subida, excepto a que uno ya conoce el camino.
De vuelta, ese mismo día, tomamos el ferry para ir a nuestro próximo destino, ya fuera del Parque. Como estaba despejado nos fuimos viendo los imponentes Cuernos del Paine, en una hipnosis que no queríamos que se terminara.
Mis panoramas no incluyen mucho trekking, no es mi opción de vacaciones, por ejemplo. Pero creo que, así como el Chapuzón del Estrecho, al menos una vez en la vida hay que vivir esta experiencia de recorrer algún sendero del Parque Nacional Torres del Paine. Si no están muy en forma o son principiantes sin preparación, como es mi caso, quizás no debieran considerar Base Torres como una opción, sino que puede ser la de esta experiencia que les he contado aquí y que, sin duda, marca un antes y un después en mi vida.